Hace dos décadas, la película de Al Gore, Una verdad incómoda, situó el cambio climático en el centro de la atención mundial. Con imágenes impactantes y advertencias alarmistas, convirtió una preocupación minoritaria en una crisis de primera plana, influyó en los líderes de los países ricos y en la élite del jet set, e inspiró a toda una generación de activistas.